Biografía de D. Bonifacio Gil

Introducción

En el año de 1898, coincidiendo con los aciagos acontecimientos para España, nace Bonifacio Gil en el pueblecito riojano de Santo Domingo de la Calzada, en la Ruta Jacobea, dentro de una modesta y numerosísima familia. Realiza los primeros estudios en el colegio del Convento de San Francisco e ingresa en el coro de la catedral como niño cantor donde se inicia en los conocimientos de solfeo, aficionándose, con el impulso de su madre, desde muy pequeño a la lectura.


A los catorce años y ante las pocas perspectivas profesionales del pueblo, ingresa como tambor en el Regimiento "La Lealtad" de Burgos. Pero para este pequeño "educando" -apenas alcanzaba el 1,60 de estatura-, el peso del tambor suponía un gran esfuerzo y pasa a la sección de cornetas.



Las bandas militares siempre han sido una escuela de música así que no fue difícil que Bonifacio Gil aprovechara sus conocimientos de solfeo para adiestrarse en el instrumento de viento llamado fliscorno consiguiendo la graduación de músico de tercera (3ª) y su destino a la Banda de Música de la Academia de Intendencia de Ávila donde en tres años aprueba la oposición a músico de primera y -ya con la categoría asimilada de Brigada- vuelve a Burgos donde comienza su verdadera formación cultural. Es entonces cuando decide opositar a Músico Mayor (Director de Música), por lo que de su escaso sueldo paga las clases de armonía con el Padre Otaño, célebre musicólogo ya entonces, que además de los conocimientos musicales le contagia su interés por el folklore musical.

Con el apasionamiento propio de sus veinte años y el rigor de su maestro Otaño (un verdadero "gurú" espiritual para él) dedica todo su tiempo libre al estudio de armonía, composición e instrumentalización y de toda la literatura musical que en las bibliotecas de Burgos estaba a su alcance. Como él mismo decía "mientras en los ratos de ocio mis compañeros jugaban al dominó, yo siempre estaba leyendo en un rincón apartado." Incluso en esta época se atreve a componer marchas y pasodobles que después registraría en la SGAE.

Su incipiente afición por la investigación le lleva a transcribir la música de las canciones que su madre le había cantado de niño, y a buscar entre los burgaleses las personas que supieran canciones antiguas. Incluso recoge algunas canciones en un viaje que realiza la Banda de Música del Regimiento a Salamanca. Cuando considera que ha alcanzado el nivel exigido, se presenta a las oposiciones de Músico Mayor y, al no superarlas, concursa al puesto de Director de la Banda Municipal de Córdoba, que consigue. Estamos en el año de 1923. Sin embargo antes de dar ese paso de abandonar el ejército, se presenta de nuevo a las oposiciones de Músico Mayor, obteniendo dicha plaza con el número uno, siendo destinado como Director Mayor de Música al Regimiento "Castilla 16" de Badajoz.

En Burgos el eco de su triunfo fue enorme no sólo entre sus compañeros sino también entre sus "admiradores", según cuenta el periódico "El Castellano". Realiza las prácticas preceptivas como Director, dirigiendo la banda de Música del Regimiento "San Marcial" en el Paseo del Espolón de Burgos con gran éxito. Incluso recibe un homenaje de sus antiguos compañeros de la Academia de Intendencia de Ávila como refleja el "Diario de Ávila", que considera un honor que uno de sus instrumentistas haya superado la oposición a Músico Mayor.

El Badajoz que recibía a Bonifacio Gil en 1924 aparecía como una ciudad fronteriza cercada por profundos fosos, fuertes y bellas murallas del tipo Vauban, con una numerosa guarnición formada por dos regimientos de Infantería ("Castilla y Gravelinas"), uno de Caballería ("Villarrobledo", después "Hernán Cortés") y Parques de Artillería, Ingenieros e Intendencia por lo que es lógico que en una ciudad de 25.000 habitantes la influencia social de los militares en la vida cotidiana fuera considerable.

Para su sorpresa, en esa capital tan alejada de su Castilla la Vieja natal y mal comunicada con el centro (la carretera nacional a Madrid se terminó en 1930) se encontró un gran ambiente intelectual no sólo alrededor de unas selectas minorías de profesores, escritores y artistas, sino que las inquietudes culturales también se extendían a otras profesiones liberales como médicos, abogados, etc. Todos ellos agrupados en un activo Ateneo que además de constituir un lugar de reunión casi diario, organizaba conferencias, exposiciones, conciertos y otras actividades culturales.

Tanto desde el punto de vista humano como intelectual, la acogida del Ateneo a Bonifacio Gil fue excelente, y rápidamente se integró en varias tertulias, aunque pronto se dio cuenta de que desconocía la región en la que vivía por lo que decide profundizar en la cultura extremeña haciéndose asiduo de la magnífica biblioteca de la "Sociedad de Amigos del País", única biblioteca pública abierta entonces. También durante un tiempo se dedica a  conocer a fondo las comarcas y pueblos extremeños, visitando muchos de ellos ("con el barro hasta las rodillas", decía jocosamente) y adquiriendo libros sobre arte, geografía e historia extremeña, alguno de los cuales conservo.

Comienza a reunir canciones y leyendas que le cuenta el pueblo aunque, es justo decir que anteriormente a él, ya existían estudiosos del folklore español que recogieron cuentos, romances y juegos de Extremadura como Sergio Hernández o Luis Romero y Espinosa, fundador del "Folklore frexnense", que colaboró estrechamente con el padre de los poetas Machado, y siguiendo la tradición de otros ilustres folkloristas como Luis de Hoyos en Castilla, Aranzadi en Vasconia y Teófilo Braga en Portugal. Pero ninguno de ellos consideró el acervo popular extremeño como algo propio, sino como una región por la que discurrían influencias leonesas y, sobre todo, andaluzas. A este falso enfoque contribuyó también que en algunos pueblos de la Alta Extremadura se cantaran canciones vaqueras con palabras terminadas en u, de clara ascendencia asturiana.

Siempre que era cuestionada la existencia de la cultura popular extremeña como algo peculiar y autóctono, Bonifacio Gil, transformándose en el paladín de la tradición extremeña,  contestaba con esta cancioncilla:


   ¿Qué madre extremeña deja de arrullar a su hijo junto a la cuna? Y
   ¿Qué mozo cantar a la reja de su prometida
   ni los jóvenes al volver de las romerías y los
   labradores en medio de sus faenas y al
   regreso de sus hogares?


En esta época realiza varios viajes de recogida de folklore a Puebla de la Calzada, Campanario y Trujillo, consiguiendo unas 150 canciones y  romances, que, una vez estudiadas y clasificadas, considerará como autóctonas de la región desechando una treintena por no ser tradicionales ó simplemente variantes de otras regiones.

 En el año 1926 su entusiasmo por la existencia de un folklore extremeño propio contagia a ilustres personajes  pacenses como Rodríguez Moñino ("Príncipe" de los bibliógrafos españoles), López Prudencio, Enrique Segura, Reyes Huertas, etc. y sobre todo al Presidente de la Diputación de Badajoz, Don Sebastián García Guerrero que ¡cede los gastos de representación de su cargo! para el sostenimiento de un Centro de Estudios Extremeños.

A finales de ese mismo año presentará en el Ateneo de Badajoz la conferencia-concierto titulada "Música popular extremeña" ilustrada con ejemplos musicales, entusiasmando al público que  abarrota el salón de actos y sus aledaños. Por primera vez se recita un trozo del romance "Don Pedro" recogido en Campanario, y otros como los de la "Marusiña" y del "Cebollero", y se escucha "la saeta de Campanario", cantada por el salmista de la Catedral, Sr. Losada. Continúa el acto con el coro de hombres que entonó la canción de ronda "Los huevos" y "El Olivito" también de Campanario y con el coro de niños que cantó "Me casó mi madre", terminando el acto con el Orfeón al completo interpretando "Canciones de Nochebuena" compuestas por Bonifacio Gil. (Reseñas en los diarios El Correo Extremeño y La Libertad).
          
El impacto que la conferencia del Ateneo tuvo en Badajoz y provincia fue tal que la Diputación organizó unos meses después (17 de marzo de 1927) una conferencia-concierto en el Teatro López de Ayala a beneficio de los pobres. En el programa de mano, que conservamos, se citan: "ciento setenta orfeonistas y treinta y cinco profesores de orquesta". Los precios: butacas a 2 ptas. y la entrada general a 40 céntimos.

La presentación de esta muestra de la música popular de Extremadura tuvo gran resonancia en el mundo cultural español: "La música popular extremeña" (Diario de La Rioja); "Maravillosa colección de cantos extremeños" (Diario El País Vasco), "La fiesta del Canto regional en el Teatro López de Ayala" (La Libertad, Madrid), "La labor de un artista: Bonifacio Gil" (El Castellano), "Conferencia musical sobre cantos regionales extremeños" (Correo Extremeño), etc. Algunas ilustraciones musicales se publicaron en la recién nacida Revista de Estudios Extremeños.

En años posteriores se imprimieron muchas partituras de folklore extremeño en la editorial "Unión Musical Española" tanto de canciones como de villancicos y la música tradicional de nuestra región se divulgó por todo el mundo a través de los Coros y Danzas y actualmente por los grupos folklóricos como Moncovil, Bancal y Siberia Extremeña entre otros.

 Con la colaboración del Centro de Estudios Extremeños realiza varias  recogidas de material en la Baja y Alta Extremadura. Una de sus preocupaciones es la transcripción de la expresión fonética: ¿debe castellanizarse? Decide reflejar lo mejor posible la pronunciación local aún a costa de que no coincidan algunos giros idénticos en fonética. Se interesa no sólo por el folklore musical, sino también por el literario: romances, leyendas y tradiciones  que buscará  tanto en pueblos y aldeas  como en documentos y archivos, manteniendo una  fluida correspondencia con investigadores e instituciones relacionadas con el estudio del acervo popular dentro y fuera de España.

Trabajador incansable, va reuniendo un archivo importante con infinidad de anotaciones y transcripciones, contrastando datos, completando otros y analizando todos con un rigor que le permitió interpretar los difíciles documentos musicales de la tradición popular y establecer corrientes, influencias y orígenes del riquísimo folklore de los diferentes pueblos de España. Su sólida formación musical le facilitó el transcribir -en cualquier trozo de papel que él rápidamente con el dibujo de unas rayas convertía en pautado- las canciones que recogía en lugares perdidos -él decía que a veces le ponían a dormir con las gallinas- de personas, generalmente ancianas que conocían cantos, bailes, costumbres y tradiciones.  En estas excursiones por Extremadura llegará a recoger unas 400 muestras que debió clasificar, y en algunos casos, eliminar. Precisamente esa labor de clasificación le exigió un gran esfuerzo de esquematización pues los cancioneros de otras regiones seguían diferentes pautas, unos por temas y otros según las estaciones y las tareas.

Poniendo como ejemplo a la Masa Coral de Villafranca de los Barros, crea el "Orfeón de Badajoz" con un coro de hombres y otro de niños dependiente de la Diputación, que en esa época dio muchos conciertos y del que se conservan documentos gráficos.

Al socaire del entusiasmo por todo lo regional, Bonifacio Gil funda en el año 1927, patrocinado por la Diputación y con carácter interino, una modesta "Sección artístico-musical" en la Escuela Provincial de Artes e Industrias para la enseñanza de solfeo, piano, violín y armonía. La demanda de matrículas supera con creces las posibilidades y, por ello, se decide crear un Conservatorio Provincial de Música con Bonifacio Gil como Director y Profesor de Armonía, con la colaboración de un grupo de profesores con plaza por concurso. Un recuerdo para Carmen Muñoz, Manuela Arcas y Joaquin Macedo. Desde 1986 el "Aula de Instrumentos de viento y metales" está dedicada  a su nombre.

En el año 1930 recibe una distinción como Director-Presidente "honoris causa" de la Sociedad Coral e Instrumental "Santa Cecilia" de Villafranca de los Barros, "para premiar los altos merecimientos contraídos con ella", según consta en el Acta (que conservamos), y se le invita a dirigir unos conciertos que esta agrupación debía dar en Fuente de Cantos, ya que varias piezas del repertorio habían sido recopiladas y armonizadas por él.

 Animado por el éxito de su conferencia-concierto, Bonifacio Gil compone el "Himno Popular de Extremadura" con letra de Juan Fdez. Castilla (periodista y poeta):   

     ¡Salve brava Extremadura, salve
     salve pueblo vencedor
     tierra noble, tierra heroica
     raza ejemplo de valor...!


La música, en palabras del periodista Rabanal Brito, es "un dechado de sencillez, expresividad melódica y modulaciones o cambios para las dos voces (...)". Fue estrenada en la radio de Badajoz -aún resuena en mis oídos aquella "Aquí EAJ 52, Radio Extremadura Badajoz"- por la Música Militar y posteriormente en el Liceo de Artesanos con coros y orquesta.

En el año 1926 compone el Himno de "Castilla 16", que aprendí al ingresar en el Regimiento como educando de flautín en 1947,y para mi tiene una especial significación y un grato recuerdo, pues cada día, al toque de fagina, las compañías formaban para comer en el patio central del Cuartel de Menacho y, acompañados por la Banda de Música, se cantaba el Himno de Infantería y el del Regimiento:

     Soldado soy del Castilla
     del dieciséis regimiento
     tenemos paz y contento
     y he de sentir alegría.
     Feliz de ser buen soldado
     en patria de libertades
     libertades conquistadas
     con la sangre derramada
     al calor de un Viva España.


Perdonen la licencia, pero tantas veces lo canté que aún lo recuerdo. Pues bien, comentando la letra con Antonio Regalado Guareño con ocasión del homenaje a Bonifacio Gil en Villafranca de los Barros en diciembre del año 2000, me informó que la música era de mi padre, lo que posteriormente pude comprobar en su archivo.

Bonifacio Gil compondría también  un "Himno del Instituto de Badajoz" y otro de las “Mutualidades escolares extremeñas”. Por cierto, que no sé si ese instituto es el Instituto Provincial de Segunda Enseñanza fundado por la Sociedad de Amigos del País. La letra, con imágenes poéticas sobre el saber , no aclara nada. También compuso el pasodoble "Badajoz canta" y la obra sinfónica "En una aldea extremeña" que fue estrenada por la Banda Municipal de Madrid en el año 1944 en el templete del Retiro, dirigida por su autor.

Sobre esta obra sinfónica existe una pequeña leyenda que hasta ahora no se ha podido demostrar documentalmente. Parece ser que Bonifacio Gil en el ejercicio de composición para Músico Mayor del Ejército celebrado en Madrid en 1923, compuso una obra con ese título evocador sin conocer Extremadura y algunos lo consideran como una premonición. Es posible que la obra estrenada en Madrid veinte años más tarde, ya editada, tuviera su origen en ese ejercicio de exámenes pero probablemente fue muy ampliada y, sobre todo, con una nueva instrumentalización. Antonio Regalado sustenta la hipótesis de que la obra original no tiene giros musicales extremeños.

El Cancionero Popular de Extremadura

La edición del Tomo I  en 1931 tuvo una gran resonancia tanto en la región como a nivel nacional. Llaman la atención, además del estudio comparado con la tradición musical de otras regiones como la del Reino de León, Andalucía y las seculares trashumancias, el análisis de las características propias de la música tradicional extremeña. Por otro lado, fue alabada su labor por la forma de resolver las  cuestiones fonéticas del Cancionero, al sustituir las terminaciones de las palabras por una h aspirada, propio de la variedad lingüística de Extremadura. 

El Tomo II del Cancionero saldría después de veinticinco años (1956), manteniendo la misma clasificación que la del Tomo I (ya agotadísimo entonces) y haciendo la curiosa anotación sobre los informadores que aportaron el material: personas de mayor edad y preferentemente mujeres, pues, conservan mejor las tradiciones que los hombres. Entre las profesiones y tareas que cita destacan: pordiosera, sirvienta, niñera, ex-sirvienta, labradora modesta, revendedora de objetos varios, modista, etc.



Con la revisión de Eugenio Baltanés y Antonio José Pérez Castellano, se publican en 1998 los dos tomos del Cancionero a los que se añaden prácticos índices de las localidades que contribuyeron a la formación de la obra, clasificación temática general, índice de canciones líricas, localidades de procedencia de los temas y de los informantes. Una gran labor que debe enorgullecer a la Diputación de Badajoz.


Como ya se ha dicho antes, se preocupó de reflejar la fonética del habla extremeña, procurando que el informante no se "castellanizara". Al tener el autor una formación musical, la parte literaria constituye una mera ilustración sin preocuparse demasiado por su estudio histórico-literario ya que él reconoce que ya está analizado por investigadores de la talla de Menéndez Pidal con el que por cierto establece una fluida comunicación.

La distinción que hace entre "música folklórica" (para él, tradicional) y "música popular" de autor más o menos conocido es para Bonifacio Gil una preocupación constante. Recopilaba a veces varias versiones que estudiaba desde el punto geográfico, por ello no se interesaba únicamente por los datos de procedencia de los informantes, sino también por el origen de las personas  que se las hubieran enseñado., y dibujaba mapas regionales y comarcales reflejando la influencia de su difusión.

Sin embargo El Cancionero no es sólo una recopilación de textos y canciones con sus variantes; contiene numerosos datos de carácter etnográfico que reflejan costumbres, vestidos e instrumentos. Él mismo relata una ceremonia nupcial con sus ritos, del que, a modo de resumen, extraigo estos fragmentos:

 

Las características de estas bodas consiste en que la víspera hay que cantar la alborada a los novios, verles la casa donde la novia pone una cama tan alta que las almohadas llegan al techo (...) una vez en casa, entre el padrino y el novio tienden una manta en el suelo y los novios reciben la bendición de sus padres (...).

Romancero Popular Extremeño

La aparición en 1944 de Romances populares de Extremadura editado por el Centro de Estudios Extremeños confirmó la riqueza de estos textos que ya cita Bonifacio Gil en 1931 en el Tomo I del Cancionero": que se cantan -dice- en las chozas de los pastores, en las casas de campo, en las matanzas, en Nochebuena, en las fiestas caseras, en los viajes interminables en carro, en los diversos oficios en que se trabaja continuamente, etc."

Destaca en el romancero las numerosas referencias, influencias y variantes además de una bibliografía especializada. Precisamente estos condicionantes fueron decisivos para considerar que los romances extremeños aportaban versiones y variantes propias. La publicación de El Romancero tuvo una enorme resonancia entre los estudiosos del folklore y también tanto en la prensa regional (diario Hoy) como en la nacional (diarios El Debate, ABC, Arriba, etc.) Lamentablemente sólo conservamos una fotocopia de esta publicación.

 "Extremadura, gracias muy particularmente a usted, es ya una de las regiones mejor representadas en el Romancero General que preparo", le escribe a Bonifacio Gil Don Ramón Menéndez Pidal.

CARLOS GIL MUÑOZ

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